Hacia dònde va el mundo
Rafael Isàs R.
Internacionalmente domina ya el consenso de que los daños ecològicos al planeta han sido sustanciales y que es hora de realizar profundos cambios en la economìa. Se habla ahora de implementar la visiòn de la sustentabilidad.
Pero hasta ahì llega el consenso.
La idea es que existe gran diversidad de puntos de vista acerca de lo que es necesario hacer para remediar la situaciòn y, para efectos de simplificaciòn, se puede decir que dominan tres tipos de estrategias a nivel mundial.
Una, la màs difundida y la que tiene mayor fuerza, definida por los protagonistas que la impulsan, es la de las intereses econòmicos y polìticos dominantes, consistiendo en disminuir el crecimiento de la poblaciòn, impulsar los avances tecnològicos y buscar el crecimiento de todos los paìses para traer bienestar general y acabar con la pobreza.
Aunque cualquier persona estarìa de acuerdo con las dos primeras recomendaciones, es en la ùltima donde se dan las profundas contradicciones. Es decir, seguir buscando el crecimiento econòmico a toda costa representa una falacia, sin sustento racional, pues presupone que no hay lìmites al consumo en la poblaciòn mundial, sin tomar en cuenta que el planeta es un sistema ecològico finito, cuya capacidad de regenerarse y de absorber desechos ha sido ya revasada. Pensar en que todos los paìses deben de crecer y generalizar pautas de consumo occidental implicarìa disponer de tres o cuatro planetas Tierra a nuestra disposiciòn para poder lograrlo.
Esta visiòn pone todo el ènfasis en los avances tecnològicos y que gracias a las aplicaciones cientìficas de hecho se podrìa seguir creciendo hasta el infinito, ignorando que el crecimiento en sì mismo implica tomar recursos naturales de manera creciente y de seguir tirando desperdicios al por mayor. Esta tesis, llamèsmola teconològica, ignora absolutamente las leyes termodinàmicas, pues por màs avances cientìficos que se apliquen a las actividades humanas, no se puede seguir creciendo a partir de la nada, ya que es imperativo continuar extrayendo recursos naturales nuevos para alcanzar la expansiòn deseada, y siempre habrà un desorden no controlado en los desechos que la misma actividad creciente genera.
El esquema que presenta esta opciòn es dejar intactos los mecanismos del sistema depredador, sin alterar gran cosa los hàbitos inducidos de consumo, el seguir persiguiendo las mayores tasas de rentabilidad, asegurar el funcionamiento de un sistema financiero que seguirà causando burbujas especulativas, a costa de la salud econòmica del resto de los sectores y, como resultado de todo lo anterior, seguir perpetuando las diferencias e injusticias sociales. Es seguir haciendo las cosas como hasta ahora, pero eso sì, con mayores avances tecnològicos, querièndole dar al sistema econòmico una fachada verde.
La visiòn hasta aquì descrita està sostenida por algunos economistas notables, siendo uno de ellos el profesor de la Universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, con su visiòn globalizadora, que tanto encanta al gobierno norteamericano, mediante el uso de soluciones magnànimas, pero de pocos resultados tangibles. Sachs es tristemente recordado por sus fallidos planes de choque llevados a cabo en Bolivia y Argentina en las Amèricas, y en Rusia y Polonia, que llevaron al desastre a esas naciones. Recientemente publicò su libro "End of Poverty" donde recomendaba fuertes dosis de ayuda gubernamentales, vìa Naciones Unidas y sus agencias, que tampoco han dado ningùn resultado y sì, en cambio, han representado un significativo derroche de recursos financieros. Sachs se constituye como un profeta de la visiòn global, patrocinada, insisto, por Wall Street y sus seguidores neoliberales alrededor de mundo.
Otros ideòlogos que soportan esta versiòn tecnocràtica "verde", abusando del concepto de la sustentabilidad, son los economistas del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional; Anthony Giddens (En el lìmite: la vida en el capitalismo global); Thomas Friedman (La tierra plana), influyente columnista del New York Times; y toda una plèyade de premios Nòbel con perfil eminentemente financiero y monetarista.
Una segunda vìa, menos difundida, porque no es cubierta por los grandes medios de comunicaciòn, pero ya con algunos avances interesantes en los mismos Estados Unidos, Canadà y Europa, la difunden profesores y economistas de primer orden, como David Korten (Agenda for a new economy), Herman Daly (Ecological Economics), James Gustave Speth (A bridge at the end of the world), Paul Hawken (Blessed unrest), Muhammad Yunus (Hacia un mundo sin pobreza, y fundador del Grameen Bank), Lester Brown (Plan B.4) y John B. Cobb (For the common good), entre otros, consistiendo en soluciones desde abajo, a nivel local, y que se van sumando para ir diseñando una nueva economìa.
Este camino novedoso y singular privilegia la idea de reforzar a las unidades econòmicas que sì crean riqueza real, a base de cambios en su organizaciòn, en la manera responsable de hacer negocios, en respetar los ciclos y mecanismos ambientales (por ejemplo, practicar la agricultura orgànica de consumo local, en contra de la operaciòn de grandes consorcios agroindustriales exportadores), regular al màximo las actividades financieras, recuperando para las comunidades la posibilidad de acceder a recursos monetarios para impulsar proyectos locales, recobrar el monopolio de la emisiòn de dinero por parte del estado, evitando asì la necesidad de aumentar impuestos, y, en general, respetar las aspiraciones de la poblaciòn, en absoluta armonìa con la ecologìa.
La visiòn de una nueva economìa resalta la vocaciòn de una sociedad realmente sustentable, con papel preponderante de la propiedad comunitaria de los bienes de producciòn, sin que se busque el crecimiento material de manera indiscriminada, y sì en cambio subrayar aspectos clave del bienestar medidos a travès de indicadores que realmente tienen significado para las mayorìas, contrastando con los indicadores tradicionales como PIB, ìndices del mercado de valores, etc.
Esta segunda gran estrategia utiliza los mecanismos de mercado, en bùsqueda de recrear las ideas del estado de bienestar que tuvieron su auge despùes de la segunda guerra mundial, y a la vez regulando que las tasas de ganancia sean razonables, lo cual podrìa representar su punto dèbil, pues estarìa por determinarse què se considera como "utilidades razonables" y còmo podrìa evitarse el proceso de monopolizaciòn que de forma natural se reproduce en las clàsicas relaciones capitalistas. Hay ya ejemplos palpables de lo que se puede lograr a nivel comunitario sin el gran despliegue de recursos que patrocina el Dr. Sachs, asì los casos del estado de Kerala, en la India, la ciudad de Curitiba en Brasil, o la misma Cuba con sus unidades agrìcolas descentralizadas, que ya permean el mismo ambiente urbano de La Habana, prueban los alcances de esta ideologìa.
Una tercera vìa que va màs allà de las reformas y regulaciones, pues plantea deshacerse por completo del sistema capitalista con todo y su lògica de bùsqueda de utilidades como principal estìmulo para invertir y producir, ademàs de buscar que los medios de producciòn no sean de exclusiva propiedad privada, sino màs bien comunitaria y estatal, se desliga de la idea que se tiene de un socialismo centralizado y burocràticamente organizado a base de megaplanes que regìan toda la vida econòmica de los viejos paìses comunistas, principalmente ejemplificados por la desaparecida Uniòn Soviètica. Al contrario de esa experiencia històrica fallida y antidemocràtica, la alternativa que propone esta nueva visiòn es partir desde abajo, descentralizar el proceso, y que sean las mismas unidades locales y regionales las que planteen sus propios planes y estrategias. La suma de las voluntades participativas darìan diseño tambien a las grandes decisiones a nivel paìs. Esta vìa implica devolverle al dinero su autèntica funciòn de instrumento de cambio, y no de acumulaciòn, pues parte de la idea de que el bienestar comùn es el que debe de regir las decisiones econòmicas, formando una simbiosis estrecha con los mecanismo ecològicos.
La idea de la simbiosis entre relaciones sociales y sus ligas con la naturaleza la desarrollò Karl Marx desde la segunda mitad del siglo XIX inspirado por los descubrimientos del fìsico Justus Von Liebig a principios del mismo siglo, quien desde entonces ya criticaba las pràcticas de comercializaciòn agrìcola imperantes en Europa, señalando asimismo la extirpaciòn de nutrientes de la tierra que esa pràctica provocaba. De esa manera, fue cuando Marx advirtiò que existìa una peligrosa brecha en dicha simbiosis generada por la explotaciòn capitalista de la tierra, al darle la categorìa de mercancìa (commodity).
Los principales impulsores de esta visiòn radical lo constituyen economistas acadèmicos de la talla de John Bellamy Foster (autor del libro The Ecological Revolution), James Petras (autor de varias obras en torno al imperialismo), Henry Veltmeyer (El sistema en crisis), Fred Magdoff (The ABC of the Economic Crisis), Michael Lebowitz (The social alternative) e Istvàn Mèszàros (Social Structure and forms of Consciousness), inspirados varios de ellos por la obra de Paul Sweezy y Harry Magdoff.
El tercer camino examinado requiere de toda una revoluciòn del sistema econòmico, abarcando las relaciones sociales y la simbiosis comentada con el medio ambiente, y su realizaciòn requiere de un largo proceso. Venezuela es un ejemplo aùn incipiente de esta vìa, pero la organizaciòn de cìrculos comunitarios y representaciones consejales regionales constituyen los primeros pasos, al igual que los esfuerzos desplegados en el campo, al adoptar tècnicas agrìcolas sustentables.
Al examinar cualquiera de estos grandes caminos, y las variantes posibles, se percibe que para las dècadas que vienen en el mundo transitaremos por èpocas de cambio, pero serà la profundidad de la estrategia seguida y sus resultados traducidos en el bienestar de la poblaciòn lo que determinarà su èxito o fracaso. Lo que es determinante y urgente es el involucramiento de los habitantes terrestres, so pena de dejar en pocas manos decisiones que afectaràn a los casi 9 mil millones de habitantes que se espera tener para nuestro planeta en el año 2050.
Septiembre 17, 2010
Rafael,
ResponderEliminarcon alegría y satisfacción leo tu primer numero del blog Economía Ecológica, con este primer articulo Hacia donde va el mundo.
Ya era necesario que ampliaras la comunicación de tus acertados análisis y valiosas investigaciones que en lo personal tanto me han ayudado para mis análisis y escritos.
Agradeciendo tus anteriores comunicaciones de hace ya muchos años, doy ahora la bienvenida a este nuevo instrumento necesario dentro del desarrollo tecnológico global.
Gracias en nombre de todos los que nos beneficiaremos de tus contribuciones y esfuerzo permanente por tratar de mejorar la condiciones de la humanidad.
Abrazos de amistad sincera